COMO AFRONTAR EN LAS ESCUELAS EL BULLYING

 

“Los niños son niños” es un famoso dicho lo que sugiere que la intimidación es una parte normal del crecimiento. Sin embargo, cuando un niño recibe insultos,  golpes, amenazas de muerte y acoso continuado a través del móvil y/o redes sociales, la intimidación se convierte en algo mucho más preocupante. A algunos niños les ha llevado incluso al suicidio, por lo tanto estamos hablando de un problema bastante serio al que le debemos darle su debida importancia. En algunas escuelas se están empezando a tomar medidas en contra de la intimidación.

Como afrontar el acoso escolarDesde saludymente.obolog.es nos precisan que la intimidación puede ocurrir al azar o de manera regular. Puede ocurrir a diario, semanal o mensualmente. De hecho, uno de cada 10 víctimas de acoso escolar son intimidados diariamente, mientras que uno de cada cinco víctimas son intimidados una o dos veces al mes. El alumno acosado rara vez puede predecir cuándo ocurrirá la intimidación, a menudo los profesores no pueden hacer frente al incidente. De hecho, puede que ni siquiera se den cuenta de los primeros actos de bullying.

combatir el bullying

Las escuelas tienen que encontrar maneras de reducir este problema. Esto incluye tener a todos los profesores alerta para  que esta intimidación no se produzca. Estos son algunos consejos para ayudarle a reducir la intimidación en el colegio:

 

 

Disponer de una definición clara de intimidación

Se caracteriza por un comportamiento agresivo intencional a través de medios físicos o verbales que implica un desequilibrio de poder y fuerza. Si se trata de una reincidencia, incluso cuando los maestros lo observan por primera vez, es conveniente que hablen con la víctima sobre lo que pasó y es muy importante que el alumno informe a los profesores si ha habido casos anteriores.

El personal debe ser capaz de distinguir entre las burlas y el acoso. Las burlas  persistentes se hacen para provocar e irritar al otro. La intimidación, por otro lado, es un desequilibrio de poder. Esta es la clave. Los estudiantes que sufren  acoso escolar son incapaces de defenderse por sí mismos, que es lo que causa el desequilibrio de poder. La gravedad de la intimidación varía de un caso a otro.


>Con el crecimiento de la utilización de las redes sociales entre los estudiantes, el personal debe ser consciente de que el acoso cibernético se está convirtiendo en un problema. El ciberacoso es el uso de cualquier dispositivo electrónico para intimidar o acosar a otro. Esto incluye textos, correos electrónicos, videos, mensajes en redes sociales.

Todo el personal de la escuela necesitaría ser entrenado en una prevención de la intimidación, con lo que las políticas y las reglas de la escuela deberían  hacerse cumplir  a todos los alumnos.

Las reglas y las consecuencias que supone romper las reglas deben ser claras. Los estudiantes necesitan saber lo que sucederá si se involucran en una conducta determinada.

Cuando los maestros y el personal llaman a un niño,  agresor o víctima, colocan un juicio sobre ese niño, lo cual puede causar problemas en el futuro para ese estudiante.

 Comportamientos de direcciones

En primer lugar, averiguar qué ha ocurrido antes de decidir si  el incidente se califica o no  como bullying.

Asegúrese de que la persona que está haciendo el bullying sabe qué su comportamiento es malo, por qué está mal, y cuáles son las consecuencias. Si su comportamiento continúa, tendrán que estar involucrados los padres y estos tienen que  reconocer que el comportamiento  de su hijo tiene que parar.

Recompensar el comportamiento positivo

No muchas personas optan por reforzar el buen comportamiento, esto es un problema. Por eso es importante que los profesores resalten el “Juego del Buen Comportamiento” en el que los buenos comportamientos en el aula sean premiados, por ejemplo subiendo la nota.De esta manera el estudiante será más probable que participe en el comportamiento positivo. Al igual que el establecimiento de reglas claras y hacer cumplir dichas normas, lo que refuerza el buen comportamiento dará a los estudiantes las expectativas  sobre lo que quiere de una manera positiva. Es bueno que los profesores resalten más el buen comportamiento de un alumno que el malo ya que esto les hará menos propensos a involucrarse en comportamientos negativos.

Tener una comunicación abierta

 La comunicación es la clave para construir una buena relación. Cuando los maestros tienen una comunicación abierta con sus estudiantes, sus estudiantes se sentirán más abiertos a hablar con ellos sobre sus problemas, incluyendo la intimidación. Tener reuniones de clase es una manera de construir esa comunicación. Los estudiantes quieren saber que realmente están siendo escuchados. Necesitan sentirse a gusto al hablar con sus profesores cara a cara de forma individual. Tenga en cuenta que un estudiante que sufre acoso escolar no quiere decir algo delante de toda la clase.

 Involucrar a los padres

 La comunicación con los padres sobre el comportamiento de sus hijos, ya que si es su hijo es el que acosa a otro la relación  puede ser complicada. Por lo tanto es necesario para construir una buena relación entre los profesores y los padres de sus alumnos.

Mantener a los padres informados acerca de las calificaciones, los amigos, el comportamiento de sus hijos, e incluso las actitudes en la escuela es una herramienta importante al abordar los comportamientos. Trabajando juntos, los padres y los profesores pueden proporcionar un enfoque consistente en introducir comportamientos de reemplazo más productivos y apropiados.

Busque señales de advertencia
 Cuando un niño está siendo acosado, puede mostrar muchas señales diferentes que indican que se está produciendo la intimidación. Los maestros pueden no ser testigo de cada incidente, pero es por eso que es necesario involucrar a otros estudiantes, así como los padres. ¿El niño tiene lesiones inexplicables, frecuentes dolores de cabeza o de estómago, falta de apetito, dificultad para dormir, pérdida de interés en los estudios, pérdida de amigos? ¿El niño  evita las situaciones sociales o habla de hacerse daño? Estas son sólo algunas de las señales de advertencia que indican que un niño está siendo acosado.

Cuando la intimidación ocurre, desactive la escena

 A menudo es más fácil de tratar primero con los cómplices y luego tratar con el agresor y el objetivo.Una vez que la multitud se divide, obtener los hechos puede resultar más sencillo.Entrevistar a los cómplices del acoso. Cuando uno escucha, mostrar empatía. No sabes todas las circunstancias. Recuerda que debes ser imparcial. Así es como se entera de lo que está pasando.Obtener la historia de varias fuentes, incluyendo al acosador y  al acosado.

La intimidación no se va a acabar enseguida. Sea persistente y consistente de ponerle fin y hacer un  seguimiento con los estudiantes después de los incidentes.  Mostrar al niño que realmente le importa, y que podría convertirse en su adulto de confianza.

Buscar culpables

Con la pareja, con la familia, en el trabajo, con los amigos,…  cuando surge un problema lo primero que se hace para intentar resolverlo es buscar un culpable.  Parece que encontrarlo puede resolver gran parte de la situación, pero…. ¿qué ocurre entonces?

Si sabemos que se está buscando un culpable, nos escondemos, nos hacemos los despistados, evitamos la situación,… Si nos acusan nos justificamos, nos defendemos, acusamos.  Si se acusa a otro, nos relajamos, nos convencemos de que esa es la  verdad, apoyamos las acusaciones o no nos entrometemos en el proceso.

Echar la culpa a los demasPero, ¿realmente encontrar el culpable resuelve el problema?…  Cuando son los sentimientos, las emociones, la comunicación o acontecimientos concretos, ¿buscar y encontrar al culpable zanja la situación o la empeora?

Pongamos el siguiente caso: una pareja, el marido llega a casa y se le olvidó comprar el pan que le encargó su mujer.  Ella le recrimina por ello.

Este hecho, el reproche, nos hace sentir casi inocentes, la culpa queda en un segundo plano.  La acusación hace saltar las alarmas y pone en marcha todos los mecanismos a disposición del sujeto para rebelarse ante tal situación.  Sin admitir la culpa del olvido, nos justificamos, nos defendemos, y todo ello ¿Por qué? ¿Qué tecla se pulsa que hace saltar el resorte que nos dice no admitas tu culpa? ¿Por qué somos tan reacios a admitir nuestras culpas? Por el mismo motivo que buscamos un culpable cuando hay un problema.

Admitir la culpa significa responsabilizarse de las consecuencias, generalmente desagradables para la persona a quien se acusa, además de las implicaciones que puedan generar a nivel social, familiar y emocional.

Convivimos en una sociedad en la que, si bien se rechaza ser el culpable de nada, se busca con ahínco al culpable de todo con el fin de sentirnos bien, limpiar nuestra imagen, justificarnos, tener la conciencia tranquila de haberlo hecho bien.  Por este motivo cuando aparece un problema tendemos a buscar las causas del mismo para poder culpabilizar a alguien o a algo quedando exento de cualquier responsabilidad.

Dedicamos mucho más tiempo a buscar al culpable que a resolver el problema y, una vez identificado, podemos quedar bloqueados sin saber qué hacer, mucho más si la conclusión es que el culpable es uno mismo.

Cuando la culpa recae sobre uno mismo, su peso se hace casi insoportable, anulándonos, debilitándonos hasta el extremo. Llegados a este punto ¿de qué a servido el tiempo invertido? ¿acaso el problema se ha resuelto? ¿o por el contrario se ha complicado?

Nuestra sociedad vive fuertemente el sentido de la culpa, se nos ha educado en un mundo en el cual no hay efecto sin causa, por lo que es importante conocer las causas para poder prever los efectos.  Pero lo que no nos enseñan es que producido el efecto ya poco importan las causas para resolver la situación o problema creado, tan sólo, tal vez, para prever situaciones similares futuras.

Inmersos en una sociedad en que se culpabiliza, se buscan responsables, hay situaciones en que esa solución no es válida, no resuelve el problema, si no que lo alimenta.

Por si fuera poco, se nos pide cargar con el problema y además con la culpa del mismo.  En esta situación, no en pocas ocasiones, acarrear con la culpa es un problema mucho mayor que el problema en sí.

Debemos aprender a afrontar los problemas, mirando hacia el mañana, fortaleciéndonos para desbloquear emociones, sentimientos…. Lo cual nos ayudará a avanzar.  Si nos sumergimos en el pasado, buscando las causas, no sólo perdemos un tiempo que no vamos a poder recuperar, si no que podemos encontrarnos con dificultades que empeoren y compliquen la situación actual.

Desde la Terapia Breve Estratégica se considera que el problema que nos trae el sujeto es sobre el que hay que intervenir, sin echar más leña al fuego para avivarlo.  Las personas ya sufren bastante como para añadir más, a costa de empeorar la situación.